Cultura como cuidado, escucha y transformación: una conversación con Inés Sanguinetti
En una nueva entrega del videopodcast ‘Cultura en Iberoamérica: Conversaciones desde Bogotá’, en diálogo con Jorge Melguizo de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, la gestora cultural argentina Inés Sanguinetti propuso una reflexión profunda sobre el sentido de la cultura en América Latina. La invitada situó la conversación en una dimensión íntima y política a la vez, al afirmar que la cultura tiene que ver con “conversar, caminar las historias de vida, caminar los territorios”, y con reconocer algo que la modernidad ha debilitado: que no somos individuos aislados, sino seres relacionales que necesitan aprender a vincularse.
Esta idea atraviesa toda la conversación: la cultura como una práctica que permite reconstruir vínculos, generar sentido colectivo y abrir espacios de encuentro en contextos marcados por la desigualdad.
Cultura, cuidado y escucha
Cuando se le preguntó por la palabra que define su presente, Sanguinetti respondió:
“La palabra que me define hoy es cuidado (…). El cuidado desde la escucha y desde prestar atención. Como dice Simone Weil, quizás prestar atención sea la forma más urgente y generosa de la reciprocidad: del entender que hay otros”.
A partir de su experiencia, Inés planteó que el cuidado no es un concepto abstracto, sino una práctica concreta que implica disponibilidad, atención y capacidad de reconocer al otro. Esta lógica atraviesa tanto su trabajo con comunidades como su enfoque pedagógico, donde insiste en que no puede haber aprendizaje sin vínculo.
El arte como herramienta de transformación
Desde su trayectoria con la Fundación Crear Vale la Pena, Sanguinetti insistió en una posición clara frente al campo cultural: el arte no puede quedarse en sí mismo. Aunque reconoce su valor intrínseco, lo sitúa también como una herramienta para intervenir en la realidad social, especialmente en contextos atravesados por profundas desigualdades.
En ese sentido, propone cambiar el enfoque habitual:
“El mundo no es pobre. El mundo, Latinoamérica y Argentina son profundamente desiguales(…). Y el arte es una herramienta para transformar esto”.
Esta mirada redefine el lugar de la cultura, alejándola de una lógica ornamental o sectorial, para ubicarla en el centro de los procesos sociales, educativos y comunitarios.
Educación, afecto y reconocimiento
Uno de los núcleos de la conversación estuvo en la relación entre cultura, educación y salud mental. Inés planteó que el problema no es únicamente pedagógico, sino profundamente relacional: las aulas necesitan reconstruir condiciones afectivas que permitan el aprendizaje.
“Los climas afectivos son construidos y sostenidos como condiciones necesarias para un aprendizaje. (...) Cuando el docente incorpora herramientas de juego, cambia la motivación en un 90%”.
Más allá de los indicadores, lo que emerge es una transformación en la experiencia subjetiva de los estudiantes. La conversación recuperó una imagen potente: la de un niño que, tras participar en estos procesos, escribe que se sintió visto. Esa frase condensa una crítica estructural al sistema educativo y, al mismo tiempo, señala el potencial del trabajo cultural para generar reconocimiento y sentido de pertenencia.
Redes culturales y límites del campo
La conversación también abrió un frente crítico hacia el propio sector cultural. Sanguinetti cuestionó el funcionamiento de las redes internacionales y los espacios de encuentro, señalando que muchas veces se limitan a la circulación de discursos inspiradores sin incidencia real.
En sus palabras, el problema es que el campo cultural ha quedado encerrado en sí mismo, reproduciendo dinámicas autoreferenciales que dificultan su capacidad de incidir en lo público. La crítica no es menor: advierte que se ha perdido la oportunidad de construir poder y de posicionar la cultura como un actor relevante frente a los grandes desafíos contemporáneos.
Hacia el final, la invitada identificó una desconexión entre el campo cultural y otros sectores clave de la sociedad. En lugar de estar articulado con ámbitos como la salud, la educación o la gestión pública, muchas veces el arte sigue operando en circuitos cerrados:
“Los médicos nos necesitan, los docentes nos necesitan, los espacios de tratamiento nos necesitan(…), los gobernantes que no pueden escuchar los territorios nos necesitan, pero no estamos ahí”.
Esta afirmación sintetiza una de las principales ideas del diálogo: la distancia entre el potencial transformador de la cultura y su presencia efectiva en los espacios donde ese potencial podría desplegarse.
Cultura para lo común
A lo largo de la conversación, la invitada insistió en la necesidad de reorientar el campo cultural hacia lo común. Esto implica dejar de hablar exclusivamente entre pares y abrirse a otros sectores, otras disciplinas y otras problemáticas.
Su propuesta no es abstracta: se trata de pasar de la inspiración a la acción, de los discursos a las prácticas, de los encuentros simbólicos a los procesos concretos. En otras palabras, de asumir que la cultura no solo interpreta la realidad, sino que puede —y debe— transformarla.


