Transformación digital y ciudadanía cultural: retos éticos, sociales y creativos de la era digital
La discusión sobre la transformación digital dejó de ser un asunto exclusivamente tecnológico para convertirse en un debate que atañe a la cultura, la ciudadanía, la democracia, la creatividad y la misma vida cotidiana. Esa fue una de las principales conclusiones del conversatorio “Transformación digital: cultura y ciudadanía en la era digital”, organizado por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte en la Universidad de La Salle el pasado 15 de mayo de 2026, con participación de expertos de Iberoamérica y representantes de la Organización de Estados Iberoamericanos.
Revive el conversatorio completo acá:
Durante la apertura, la directora de posgrados en marketing de la Escuela de Negocios, Mónica María Caballero, destacó que la transformación digital “va mucho más allá de la tecnología”, pues modifica las formas de crear, comunicarse, aprender y construir comunidad. Según señaló, el propósito del encuentro fue abrir una conversación sobre cómo la tecnología puede ponerse al servicio de las personas:
“Hoy queremos abrir una conversación que nos permita comprender cómo la tecnología puede estar al servicio de las personas, de los territorios, de la inclusión y de la construcción en comunidad (...). Desde la academia creemos profundamente en estos espacios de diálogo, donde el conocimiento se conecta con los retos reales de la sociedad”, afirmó.
Jorge Melguizo, de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, durante la apertura del conversatorio destacó la importancia de generar espacios de reflexión colectiva alrededor de los impactos culturales de la transformación digital. En su intervención explicó que el libro Impactos de la transformación digital en la cultura surgió como resultado de un proceso de formación desarrollado junto a la Organización de Estados Iberoamericanos, que reunió a cientos de participantes de distintos países de la región. “Este libro surgió de un diplomado que diseñamos el año pasado con la Organización de Estados Iberoamericanos. En ese diplomado se inscribieron 3.200 personas, 1.200 hicieron el proceso en alguna de sus etapas y 658 personas completaron el ciento por ciento de los módulos”, señaló, y resaltó que la publicación recoge reflexiones sobre ciudadanía digital, cultura, creación y consumo cultural en la era digital desde distintas miradas iberoamericanas.
Natalia Sefair, asesora de Asuntos Internacionales y Cooperación de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, destacó que el conversatorio y la publicación Impactos de la transformación digital en la cultura hacen parte de un proceso colectivo de reflexión sobre los cambios culturales que atraviesan hoy las ciudades iberoamericanas. Según explicó, “esto es apenas un abrebocas muy pequeño de una construcción colectiva de muchos meses de trabajo de un gran equipo”, que permitió abordar temas como ciudadanía digital, cultura digital y creación cultural en la era tecnológica. Asimismo, señaló que “con todos estos efectos que nos da ahora la tecnología, este es uno de los primeros pasos para acercarnos a entender qué reflexiones y qué transformaciones estamos viviendo, especialmente en las ciudades iberoamericanas, desde el uso de la tecnología y los procesos creativos”, una discusión que continuará desde Bogotá a través de nuevos espacios de formación e investigación sobre bienestar, salud mental y cultura digital.
La inteligencia humana frente a la IA
Uno de los debates del conversatorio giró alrededor de la inteligencia artificial y sus efectos sobre la creatividad humana.
El investigador Ángel Mestres, de Barcelona, advirtió que la humanidad atraviesa un cambio de época comparable a las revoluciones industriales. “Nos preguntábamos, y no tenemos la respuesta, si se está transformando la inteligencia humana en una commodity. Es decir, antes, en la relación industrial, el que tenía más fuerza tenía más capacidad de trabajo, y con la relación industrial la fuerza muscular pasó a ser una commodity. Ahora la inteligencia también puede pasar a serlo”, afirmó el experto internacional en cultura y transformación digital.
Mestres aseguró que herramientas de inteligencia artificial generativa como Claude o los nuevos modelos de IA están alterando radicalmente la relación de las personas con el conocimiento, la creatividad y el trabajo intelectual.
La investigadora Liliana López centró su intervención en los cambios que las tecnologías están produciendo en la participación ciudadana y las relaciones democráticas.
“Fíjense en esto: uno de los cambios más fuertes ha sido en las formas de estar juntos, en la comprensión del tiempo y el espacio, en las formas de participación y en la acción colectiva. Todo esto tiene muchos riesgos, pero también muchas posibilidades, y exige entrar en una dinámica distinta de creatividad y de relación con los otros”.
La especialista advirtió sobre los riesgos de la desinformación y de los algoritmos que terminan encerrando a las personas en burbujas digitales.
“Los algoritmos terminan condicionando la manera en que vemos la realidad, la manera en que participamos y también la forma en que entendemos a los otros y a nosotros mismos (...). Hay una necesidad muy grande de construir espacios que nos permitan estar de otras formas con nosotros y con los demás, especialmente en medio de estas dinámicas digitales que transforman constantemente nuestras relaciones”, explicó.
Tecnología, cultura local y diversidad
Felipe César Londoño planteó una reflexión sobre la transformación digital entendida no solo como un fenómeno tecnológico, sino también cultural y comunitario. En su intervención señaló que:
“La tecnología puede fortalecer a las comunidades y puede ser muy importante para la cultura, siempre y cuando se diseñe y se use con criterios de equidad, de diversidad y de bienestar colectivo”.
En ese sentido, destacó la importancia de construir “ecosistemas digitales colaborativos”, capaces de generar espacios de co-creación, producción de conocimiento y construcción de identidades colectivas. Asimismo, insistió en que hablar hoy de tecnologías digitales implica hablar de innovación y de transformación, especialmente en un contexto donde los cambios tecnológicos avanzan más rápido que nuestra capacidad de adaptación.
“Ya no se trata solamente de una alfabetización digital tradicional, de aprender a manejar una herramienta o entender una tecnología, sino de cómo adaptarnos al cambio. Esos procesos de transformación del pensamiento son esenciales”, concluyó.
Derechos culturales en la era digital
Desde Madrid, Marcos García planteó que uno de los grandes desafíos actuales consiste en garantizar los derechos culturales en Internet y en los nuevos ecosistemas digitales. Sin embargo, advirtió que muchas de esas promesas no se han cumplido plenamente debido a la concentración de poder en las grandes plataformas digitales.
“Internet y el desarrollo de la web surgieron con la promesa de democratizar la participación cultural (...). Sin embargo, aunque inicialmente abrió espacios de lectura, escritura y participación activa, el desarrollo de las redes digitales no ha cumplido plenamente esas promesas y, en muchos casos, se ha convertido en un entorno de concentración y tensión. El reto hoy es repensar las instituciones y las infraestructuras culturales para que dejen de funcionar solo como transmisoras de contenidos y permitan una participación más activa y colaborativa de las comunidades”, explicó Marcos García.
García insistió en la necesidad de transformar las instituciones culturales tradicionales para que las personas no sean únicamente receptoras de contenidos, sino también coproductoras de cultura.
Libertad cultural y corporalidad
Carlos Villaseñor y Paula Mascías profundizaron en las tensiones entre cultura digital, libertad cultural y experiencia humana. Villaseñor señaló que el acceso digital amplía las oportunidades de participación cultural, pero también genera limitaciones importantes.
“El nuevo territorio de lo virtual ofrece nuevas oportunidades, pero no es un espacio unificado: tiene diversos estratos, capas y utilidades. Y si bien nos permite muchas formas de acceso a contenidos culturales y nuevas maneras de participar ampliamente en la vida cultural y aportar a ella, todo esto no necesariamente cumple un requisito fundamental para integrar plenamente la dignidad humana, porque lo virtual no tiene cuerpo, y si no tiene cuerpo no siente ni tiene una capacidad cognitiva plena, sino que se limita solamente a una parte de nosotros. Por eso es fundamental reconocer que, aunque el ámbito digital abre oportunidades, también acota la libertad cultural, determina las posibilidades y herramientas para ejercerla y limita (...). Existe una ilusión de acceso pleno, cuando en realidad solo accedemos a contenidos digitales condicionados por esa falta de corporalidad”, afirmó Villaseñor.
El investigador agregó que los entornos digitales crean la ilusión de acceso ilimitado a la cultura, aunque en realidad están mediados por restricciones tecnológicas y por la ausencia de experiencia corporal.
Por su parte, Paula Mascías propuso analizar las ciudadanías digitales desde una lógica de paradojas.
“Las paradojas desafían las lógicas establecidas y los sentidos comunes, y para pensar las ciudadanías culturales y digitales tenemos que ser capaces de pensar la diversidad que somos. No es lo mismo una ciudadanía cultural pensada para una comunidad semirrural, una ciudad central o una ciudad periférica. Durante mucho tiempo pensamos que los conflictos eran inherentes únicamente al trabajo territorial, pero hoy también debemos integrar el espacio digital dentro de esas paradojas. La plaza, la escuela y ahora también el espacio digital forman parte de esos nuevos escenarios que debemos comprender desde otra mirada, una que nos permita incluso un cambio epistemológico sobre cómo entendemos la ciudadanía y la convivencia”, explicó Paula Mascías.
Bogotá, Ciudad de México y Río
Durante el evento se llevó a cabo la presentación de la investigación comparada desarrollada entre Bogotá, Ciudad de México y Río de Janeiro sobre cultura digital, ciudadanía y transformación tecnológica. Diego Maldonado, director del Observatorio de Cultura y Gestión del Conocimiento Cultural de Bogotá, explicó que el estudio busca entender cómo la transformación digital está modificando no solo el consumo cultural, sino también la salud mental, las relaciones sociales y la participación en la esfera pública. A partir de la investigación realizada en Bogotá, Ciudad de México y Río de Janeiro, el análisis concluyó que las tecnologías digitales ya no son herramientas externas, sino infraestructuras cotidianas que redefinen la manera en que las personas se comunican, trabajan, se relacionan y experimentan la vida urbana.
Entre los hallazgos más relevantes se encuentran:
- Más de la mitad de las personas en las tres ciudades usa el celular más de cuatro horas diarias.
- WhatsApp es la plataforma más utilizada en los tres territorios.
- Bogotá tiene un ecosistema digital más orientado a la conversación y la interacción social.
- Ciudad de México presenta mayor uso de YouTube y herramientas vinculadas a negocios y producción de contenido.
- Río de Janeiro muestra niveles más altos de uso intensivo de redes sociales.
Maldonado aseguró que el celular dejó de ser un simple dispositivo para convertirse en parte esencial de la infraestructura cotidiana.
“El celular ya no es simplemente un dispositivo móvil que compramos y usamos ocasionalmente. Hoy define elementos tan importantes como la inclusión, lo que podemos hacer y lo que no podemos hacer en la ciudad. En las tres ciudades que analizamos, buena parte de la población pasa más de cuatro horas al día conectada y el celular se convirtió en parte de la infraestructura cotidiana de nuestra vida”, explicó Diego Maldonado.
También alertó sobre los impactos emocionales derivados del uso intensivo de plataformas digitales.
“Uno de los hallazgos más importantes es que no podemos caer en la idea de que solo los jóvenes tienen problemas asociados al uso de las tecnologías digitales. En realidad, jóvenes y adultos viven afectaciones en magnitudes similares, aunque de maneras distintas. En los jóvenes aparecen con más fuerza fenómenos como la nomofobia, la ansiedad, la depresión o el FOMO, ese miedo constante a perderse algo. En los adultos, en cambio, lo que más aparece es un desgaste emocional generalizado después del uso intensivo de las redes y las plataformas digitales”, afirmó.
La investigación también reveló que las personas siguen prefiriendo experiencias culturales presenciales como conciertos, teatro, danza o artes plásticas, mientras que los videojuegos y los contenidos audiovisuales son percibidos naturalmente como digitales.
“A veces pareciera que estamos reemplazando la presencialidad por lo digital, pero lo que encontramos en la investigación es que, al menos por ahora, no hay una sustitución total de las prácticas culturales presenciales. El teatro, los conciertos, la música, las artes plásticas o los eventos literarios siguen teniendo para las personas un enorme valor presencial (...). Lo interesante es que no estamos viendo un reemplazo entre lo presencial y lo digital, sino una relación de complementariedad. Muchas veces los circuitos culturales se promueven a través de plataformas digitales y eso termina fortaleciendo también la participación presencial en actividades culturales”, explicó Maldonado.
El estudio mostró además que quienes participan activamente en ecosistemas digitales tienden a consumir y crear más contenidos culturales.
Inteligencia artificial, derechos y regulación
Uno de los momentos del encuentro estuvo dedicado a la actualización de la Carta Cultural Iberoamericana y los desafíos regulatorios que plantea la inteligencia artificial. Raphael Callou, director general de Cultura de la OEI, explicó que actualmente existe una discusión regional sobre derechos de autor, trazabilidad y uso ético de contenidos generados por IA.
Al reflexionar sobre los desafíos que traerá la inteligencia artificial y la transformación tecnológica en los próximos años, el investigador aseguró:
“Yo me considero un pesimista esperanzoso. Y mi expectativa es que en los próximos años podamos consolidar, dentro de las innovaciones tecnológicas, mecanismos más justos de remuneración para artistas y creadores, así como mayores garantías para la diversidad cultural dentro de las plataformas digitales”.
Sobre los sesgos presentes en las plataformas digitales y en los modelos de inteligencia artificial, el experto advirtió:
“Los algoritmos no son neutros. La cultura latinoamericana e iberoamericana no está representada de la misma manera que la cultura estadounidense, y nuestras lenguas, expresiones y culturas populares tampoco aparecen con la misma fuerza dentro de las inteligencias artificiales generativas. Hay sesgos, preferencias y formas de interpretación que no reflejan realmente la diversidad cultural que existe en nuestros territorios”.
Finalmente, el investigador planteó la necesidad de construir entornos digitales más democráticos e incluyentes:
“Lo que espero hacia el futuro es que el entorno digital pueda ser más representativo, más equitativo y más justo, y que también garantice mejor los derechos culturales y de participación, con menos desigualdades y más mecanismos de acceso para todas las personas”.
El representante de la OEI señaló que América Latina tiene la oportunidad de convertirse en referente global en materia de regulación cultural y derechos digitales.
Las apuestas de Bogotá
Natalia Sefair y Diego Maldonado destacaron que una de las apuestas de la administración distrital ha sido acercar la cultura a los barrios y fortalecer los procesos de participación ciudadana desde los territorios. Sefair explicó que programas como Barrios Vivos buscan construir iniciativas culturales directamente con las comunidades y responder a las necesidades específicas de cada sector de la ciudad.
“Lo que busca Barrios Vivos es acercarse y hacer procesos de cocreación con la ciudadanía. Vamos a los barrios y preguntamos qué sienten que hace falta, cuáles son esas actividades o iniciativas culturales que pueden promover una mejor convivencia y fortalecer las relaciones dentro de la comunidad a través de procesos culturales”, afirmó.
Natalia señaló que estas estrategias también se apoyan en herramientas tecnológicas y análisis de datos para mejorar la toma de decisiones públicas, aunque insistió en la importancia de mantener una mirada humana sobre los procesos culturales.
“Usamos herramientas como la inteligencia artificial para la revisión y análisis de datos, pero sin deshumanizar el proceso. Hay un trabajo consciente de análisis, reflexión y contraste de información que nos permite tomar mejores decisiones para cerrar brechas y ampliar el acceso a los derechos culturales”.
Por su parte, Diego Maldonado explicó que el objetivo del Observatorio de Cultura ha sido utilizar la información y los datos para mejorar la calidad de vida de las personas y descentralizar el acceso a la cultura en Bogotá.
“La cultura no puede quedarse solamente en los grandes escenarios o en ciertos sectores de la ciudad. La apuesta es que la gente se encuentre con la cultura en la vida cotidiana, en la calle, en los barrios y en distintos espacios de la ciudad”.
Maldonado agregó que la exposición cotidiana a prácticas culturales y artísticas fortalece las capacidades de convivencia y relación social de las personas.
“Sabemos que una persona expuesta al arte, a la música o a prácticas estéticas desarrolla también capacidades para interactuar con los demás, manejar emociones y fortalecer la convivencia. Por eso la cultura tiene que estar presente en la vida cotidiana de la ciudad”.
El evento dejó claro que la transformación digital ya no puede analizarse únicamente desde la innovación tecnológica. Los expertos coincidieron en que los grandes desafíos del futuro estarán relacionados con la ética, la ciudadanía, la democracia, la confianza, la salud mental y la protección de la creatividad humana.
En palabras de varios de los participantes, el verdadero debate no es únicamente qué tecnologías estamos utilizando, sino qué están haciendo esas tecnologías con nuestra manera de vivir, relacionarnos y construir sociedad.


