Autor: Pedro Pablo  Sacristán. - Madrid. 1973

Hace mucho tiempo, la mayoría de los monstruos eran seres simpáticos y golosos, tontorrones y peludos que vivían felizmente en su monstruoso mundo. Hablaban y jugaban con los niños y les contaban cuentos por las noches. Pero un día, algunos monstruos tuvieron una gran discusión por un caramelo, y uno de ellos se enojó tanto que lanzó furiosos gritos y asustó a todos los que había allí.  

Y entre todos los que quedaron terriblemente asustados, las letras más miedosas, como la L, la T y la D, salieron corriendo de aquel lugar. Como no dejaron de gritar, las demás letras también huyeron de allí, y cada vez se entendían menos las palabras de los monstruos. 

Finalmente, sólo se quedaron unas pocas letras valientes, como la G y la R, de forma que en el mundo de los monstruos no había forma de encontrar letras para conseguir decir algo distinto de " GRRR!!!", "AAAARG!!!" u "BUUUUH!!!". A partir de lo sucedido, cada vez que iban a visitar a alguno de sus amigos los niños, terminaban asustándolos; y con el tiempo, se extendió la idea de que “los monstruos eran seres terribles” que sólo pensaban en comernos y asustarnos.

Un día, una niña que paseaba por el mundo de los monstruos buscando su pelota, encontró debajo de muchas hojas a todas las letras que se habían escondido allí desde la vez que fueron asustadas. A partir de ese momento decidieron vivir allí, pues estaban dominadas por el miedo. La niña, muy preocupada, decidió hacerse cargo de ellas y cuidarlas, y se las llevó a casa. 

Aquella pequeña era una niña especial, pues aún conservaba un amigo monstruo muy listo y simpático, que al ver que nada de lo que decía salía como quería, decidió hacerse pasar por mudo, así que nunca asustó a nadie y hablaba con la niña utilizando gestos. Cuando aquella noche fue a visitar a su amiga y encontró las letras, se alegró tanto que le pidió que se las dejara para poder hablar, y por primera vez la niña oyó la dulce voz del monstruo. 

Juntos se propusieron recuperar las voces de los demás monstruos, y uno tras otro los fueron visitando a todos, dejándoles las letras para que pudieran volver a decir cosas agradables. Los monstruos, agradecidos, les entregaban las mejores golosinas que guardaban en sus casas, y así, finalmente, fueron a ver a aquel primer monstruo gruñón que organizó la discusión e hizo que las letras se fueran. 

Aquel monstruo gruñón estaba ya muy viejecito, pero al ver las letras, dio un salto tan grande de alegría que casi se le saltan los huesos. Y mirando con ternura las asustadas letras, escogió las justas para decir "perdón". Al parecer, llevaba esperando años aquel momento, porque enseguida animó a todos a entrar en su casa, donde todo estaba preparado para una enorme fiesta, llena de monstruos, golosinas y caramelos. Como las que se hacen en Halloween hoy día; qué coincidencia, ¿verdad?

¡Feliz día del halloween para todos y todas!

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