El mono de la Pila (Leyenda Bogotana)

El mono de la Pila (Leyenda Bogotana)

“¡Sino le gusta, vaya a quejarse al mono de la Pila!” Con esta frase inicia una historia que mucho de los adultos bogotanos expresaban y utilizaban para no prestar atención a las quejas y reclamos de sus hijos o nietos. Al terminar esa frase se daba por entendido que no había que insistir, era como haber perdido la batalla. Claro que nadie iba a buscar al mono de la pila para quejarse, porque ¿dónde está ese mono?

Dentro de la gran historia acerca del mono de la pila, dicen que en el año de 1.583, época en la que los indios lavaban la ropa en los ríos San Francisco y Manzanares, la gente del pueblo debía bañarse en ellos y recolectar agua para cocinar. Por estos esfuerzos que debían hacer y por las caminatas que debían hacer para llegar a estos ríos, se promovió en la ciudad una petición a la Real Audiencia en la que se habló sobre la urgente necesidad y conveniencia de conducir el agua hasta la plaza, de donde se tomaría de una fuente.

Cuentan además, que el Mono de la Pila lo ubicaron en plena Plaza de Bolívar, que para la época de la Independencia era la Plaza Mayor, en donde se hacía el mercado. A la pila se iba a buscar el agua. Era un lugar que le acortaba a las personas el viaje hasta los ríos San Agustín y San Francisco.

Dicen que las mamás de aquel entonces enviaban a sus hijos a traer el agua del Mono de la Pila. Y como a muchos no les gustaba cargar el agua desde ese sitio por el esfuerzo que debían hacer. Entonces llegaban a la casa quejándose. Y empezaban las quejas desde el mismo momento en que les decían que tenían que ir. Por eso las madres también les decían “vaya a quejarse al Mono de la Pila”. Y los niños regresaban con su buena cantidad de agua y ya sin ganas de refunfuñar. Lo había hecho ante el Mono.

El Mono de la Pila, que había sido hecho en 1.583, fue reemplazado por la estatua de Simón Bolívar, en 1.846 y fue a parar a la plazoleta de San Victorino, en donde estuvo unos años. Después lo trasladaron a la plazoleta de San Carlos, hoy llamada Rufino José Cuervo, en la calle 10 entre carreras sexta y séptima, frente a la iglesia de San Ignacio.

Cuentan que en el año de 1.890, el Gobierno Nacional construyó allí un jardín y mejoró  la base de la fuente, respetando la columna histórica, que por más de tres siglos había sido gala de la ciudad. En ese mismo año, ‘El Mono’ fue trasladado al Museo Nacional, en la sede de las casa de las Aulas. En 1.922, el Museo Nacional se trasladó al edificio Pedro A. López, ubicado en la Avenida Jiménez entre carreras Séptima y Octava y se llevó consigo al Mono de la Pila.

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