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A lo largo de su historia el Festival Salsa al Parque ha rendido homenaje a grandes exponentes de la salsa nacional.



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Bogotá una ciudad salsera

Hace tres décadas había en Bogotá alrededor de media docena de buenas bandas de salsa. Según cuenta César Pagano, con esas orquestas se armaban grandes rumbas en el Teatro Municipal, la Plaza de Toros y la Media Torta. Este paisa, que vive en la capital desde 1970, le ha seguido la pista al movimiento salsero bogotano.

Dice que fue a principios de los ochenta cuando pasaron por aquí insignias de la salsa nacional como Fruko y sus Tesos, la banda de Michi Sarmiento (de Cartagena), los Latin Brothers y el caleño Piper Pimienta. Ellos sembraron el fervor salsero en el público capitalino, y entonces llegaron otros artistas, esta vez para radicarse, como el grupo Washington y sus Latinos (Buenaventura), la Orquesta de Gustavo García «el Pantera» (Calamar, Bolívar) o el memorable Alfonso Córdoba «el Brujo» (Chocó). Este último se convirtió en una leyenda para los salsómanos de la ciudad; llegó a tener entre sus filas a discípulos tan consagrados como Alexis Lozano (quien luego fundó Guayacán Orquesta) y Jairo Varela (del Grupo Niche). «Cuando ellos no tenían donde ensayar, yo les prestaba las instalaciones de El Goce Pagano», recuerda César, quien montó su templo salsero en 1978, en plena zona céntrica. Añade que no hay que olvidar a otros precursores del ritmo antillano en la fría sabana, como el cartagenero Joe Madrid. «Gracias a este puñado de artistas los cachacos comenzaron a frecuentar sitios nocturnos de la salsa, como El Paladium, El Escondite, Melodías, La Jirafa Roja y La Montaña del Oso».

Y por supuesto, su célebre Goce Pagano, de corte más intelectual, decorado con elementos criollos y populares, con una rumba impregnada de programación cultural: «Era normal que aquí se lanzaran los libros de escritores desconocidos hasta entonces, como Alejo Carpentier, Julio Cortázar o Jorge Amado. También había funciones de teatro independiente y shows con “bailaores” como Pocholo, Norman Viáfara, Rafa Porras y el Diamante Toñiño». A su paso surgieron otros establecimientos igual de buenos como Quiebracanto, Sonfonía, Salsa Camará y Galería Café Libro.

Agrupaciones de salsa clásica como La Real Charanga —acompañada de violines y flautas— ahora se enorgullecen de haber participado en Salsa al Parque, «un espacio que ha promovido la sana competencia en la escena salsera local, mejorando el nivel artístico», afirma Daniel Díaz, director del grupo

Tomado del periódico Ciudad Viva, de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte