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Consejo Distrital de Patrimonio Cultural
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Conformación
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¿Qué es el Consejo Distrital de Patrimonio Cultural?
El Consejo Distrital de Patrimonio Cultural es un escenario destinado al encuentro, deliberación, participación y concertación de las políticas, planes y programas públicos y privados y las respectivas líneas estratégicas de inversión para el conocimiento, reconocimiento, manejo y valoración del Patrimonio Cultural del Distrito Capital; en el cual participan los agentes culturales, los organismos, organizaciones e instancias públicas y privadas que estén ubicadas en el Subsistema, de acuerdo con los parámetros establecidos en el artículo 4° del Decreto 627 de 2007.
DOCUMENTOS
Actas 2010
| Acta No. 01 Consejo Distrital de Patrimonio Cultural 2010 | Acta No. 02 Consejo Distrital de Patrimonio Cultural 2010 |
| Acta No. 03 Consejo Distrital de Patrimonio Cultural 2010 |
Actas 2011
Reglamento Interno
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Patrimonio natural: grandes diagnósticos... pequeñas acciones Por: Giovany André Alfonso |
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Resulta claro que el patrimonio cultural no lo constituye el Estado sino las personas y los grupos humanos que con su accionar día a día lo preservan, lo cambian y lo apropian. En este sentido cabe preguntarse qué espacio tiene un concepto como "patrimonio natural"; ¿es un subproducto del patrimonio cultural, ó el reconocimiento de una comunidad o de una ciudad hacia su entorno? Vale la pena cuestionarnos si el patrimonio natural lo constituye solamente la biosfera como conjunto de los medios donde se desarrollan los seres vivos. Tomemos el ejemplo del agua, elemento sagrado por los muiscas del territorio andino, y transformado para bienestar de las comunidades, éste hace parte de su idiosincrasia y de su cotidianidad. Resulta evidente que el agua es más que un elemento de higiene y supervivencia, es el centro de su vida social, está en su economía, su cultura, su movilidad y su vida cotidiana. No obstante, con la llegada de la conquista española se crearon sistemas de abastecimiento donde el desarrollo estaba en contra de la naturaleza, ciudades donde el desperdicio por el líquido no tenía importancia. En este proceso, se tomó el agua de las quebradas para abastecer las necesidades básicas primarias, y devolviéndose a los ríos en forma putrefacta; las temporadas invernales servían para lavar la calle que llevaban las desperdicios que la ciudad depositaba en los canales a cielo abierto, llevando sus olores e impregnando el ambiente: ese era el "microcosmos" cotidiano de la naciente capital. La ciudad con su vertiginoso desarrollo acabó con casi 50.000 hectáreas de humedales, de los cuales sólo quedan 700 hectáreas en la actualidad; unos pocos reductos amenazados por vías, invasiones, escombreras, y tímidas acciones de los distintos entes distritales. Los humedales ya no hacen parte de nuestra vida cotidiana, nuestra cultura moderna y mucho menos de nuestra economía productiva. Su extinción ambiental también implica su desaparición cultural para generaciones futuras. Parece que no sabemos cómo cumplir la tarea de preservación firmada por Colombia en el Convenio Ramsar (Irán) de 1971. Es un deber de los Estados firmantes proteger todos los sistemas hídricos como manglares, pantanos, ríos, quebradas y humedales, ya que son sistemas de diversidad biológica donde se desarrollan muchos seres vivos. Si nuestro ecosistema actual es tan frágil es porque nuestras acciones son débiles y minúsculas para protegerlo. Nuestra forma de vida basada en el consumo genera una cultura del desperdicio, y ese "pequeño" diferencial multiplicado por ocho millones de habitantes nos está dejando con menos de 15 metros cuadrados de espacio ambiental por persona, muy por debajo de los promedios mundiales. Somos la tercera ciudad de Latinoamérica con el aire más contaminado: donde están nuestra grandes acciones para cambiar esta situación; de las 400 quebradas que teníamos hasta los años sesenta, hoy nos quedan menos de 80; nuestros cerros orientales están cada vez más amenazados por los constructores; cuántos arboles requerimos para bajar la temperatura de la ciudad si solo hay un árbol por cada seis habitantes en la ciudad. Si el ambiente es transversal a todo nuestro ser deberíamos ser más consientes que para proteger nuestro entorno necesitamos un cambio en nuestra cultura porque el patrimonio natural no es un objeto externo a nuestra existencia. Recordemos que todas nuestras manifestaciones culturales no serían posibles sin la interacción con la naturaleza y sus elementos; los usos sociales y rituales se fundamentan en ella, nuestros conocimientos y técnicas también; incluso nuestra tecnología depende de los recursos que la tierra nos brinda. De forma que el patrimonio natural debería dejar de ser un "accesorio" del patrimonio cultural para convertirse en un elemento central de debate y reflexión. |

