Personajes de Bogotá de antaño

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La Loca Margarita, Pomponio, El Negro Chivas y el Bobo del Tranvía fueron cuatro personajes que dejaron huella en nuestra ciudad, a mediados del siglo XX.

Conozca acá las historias, de estos cuatro Locos itinerantes que hacen parte de nuestro patrimonio cultural .

La Loca Margarita

Nació en la población de Fusagasuga, fue furibunda fanática del partido liberal, profesora; en medio de la violencia partidista, le fusilaron su hijo públicamente casi que en sus brazos; viajó a Bogotá, allí se hizo amiga de las prestantes familias capitalinas y, sobre todo, de las damas de sociedad con las que departía en las tardes un chocolate con colaciones. Ella caía muy bien por su forma de expresarse, conocimientos y misteriosamente, porque en muchas oportunidades se anticipaba prediciendo acontecimientos que luego sucedían con lujo de detalles. Era fiel seguidora y admiradora del General Uribe Uribe de quien predijo su muerte, circunstancia que terminó por desatar su locura total ya que prácticamente fue testigo del hecho. Se hizo amiga de otro loquito famoso, El Negro Chivas, con quien se encontraba sagradamente, todas las tardes en el frío ocaso bogotano donde hoy reposa la estatua a Minerva en la biblioteca Luís Ángel Arango; con él visitaba los más famosos cafés y discutía de política con los aparecidos. Vivió humildemente en una casita de su propiedad en extenso terreno, donde albergaba a personas de baja condición social entre albañiles, obreros, prostitutas y vagos que se disputaban el derecho de darle siempre algún alimento por su bondad al acogerlos; siempre se le vio descalza en la ciudad, pero cuentan que en su piecita, se le veía una hilera de zapatos nuevos de color rojo bordeando la pared, todos regalados por sus amigas de tertulias; pese a su humilde condición siempre lucía limpia; ella tomaba un baño diario al lado de las aguateras más conocidas de la historia, entre las que se encontraba Petronila en el Chorro de Quevedo; luego del baño, se daba a sus paseos por las calles, portando una especie de bolsa donde siempre llevaba consigo las escrituras de su propiedad. Margarita se hizo famosa por el discurso que expresó justo la tarde del atentado al General, de ahí en adelante sería la más certera pregonera, provocadora y convocadora de masas del partido liberal en plena vía pública; de ahí nació su habitual grito de combate a mandíbula batiente ¡Viva el partido Liberal!


Pomponio
Se dio a conocer por su extrema condición de elegancia llevada a los límites, para finalmente pasar por extravagante; a ello se sumó su florido lenguaje con el que dejaba fuera de lugar a más de una persona; era de una familia pudiente; estudiante del mejor colegio de la época del cual fue expulsado por problemas con su comportamiento y forma de ser. Pomponio se dejó llevar por el amor, dirigiendo su atención hacia una niña muy hermosa a la que intentaba acercarse pero siendo lamentablemente, victima de la peor de las bromas que se le puede hacer a la dignidad de una persona; en complicidad el hermano de la niña y un grupo de amigos teatreros, que hacían sus prácticas en casa, al saber que Pomponio llegaba a la vivienda a declarar su amor, se hicieron pasar por ella quien se encontraba ausente, así empezaron a jugarle toda clase de bromas y abusos, ante los que finalmente su cabeza no resistió y empezó a desviarle su mundo; aquella enrarecida tarde en la que incluso al final le propinaron una brutal golpiza, se remató con una famosa frase que en nuestros términos fue la que siempre le saltó el taco desde la infancia cuando que se la gritaban: ¿Pomponio quiere queso? palabras con las que se cerró la pesada broma en una improvisada comida el mismo día de los hechos, donde Pomponio, sobrepasando el límite de aguante, se desbordó en defensa propia,  verbal  y física, contra el grupo de bromistas teatreros quienes  nunca midieron las consecuencias de su acto.  La niña  en mención ni siquiera  fue enterada al corto tiempo de lo que había pasado con su oculto enamorado. Otra versión, cuenta la historia con la misma enamorada, sólo que la causa de la locura la procuro el haberlo dejado plantado a las puertas de la iglesia para cumplir el sagrado compromiso del matrimonio. Pomponio se relegó de ahí en adelante a su casa, no quería volver a ver a nadie, la fortuna que le había dejado sus padres era suficiente para vivir incluso en medio de su servidumbre, la que una vez pasado algún tiempo, lo abandonó, porque ninguna riqueza es eterna. Fue empleado como cartero, gracias a algunas relaciones que tenía con personas vinculadas al nuevo y naciente oficio de la oficina de correos en Bogotá; de una memoria prodigiosa, incluso después que le fue propinada la golpiza; no se guiaba por las direcciones sino por el conocimiento que tenía de todas las personas y los lugares donde habitaban; cuentan quienes le conocieron, que le entregaban un generoso grupo de cartas, las que inmediatamente organizaba con prodigiosa habilidad sin el mínimo error ni la menor duda. El final de sus actos públicos, se limitó a las paredes de un manicomio por su deteriorado comportamiento psíquico.


El Negro Chivas
Nació en la capital del Chocó, Quibdó; viajó al interior a seguir estudios de Derecho en la Universidad Libre ayudado por sus padres; en su ciudad dejó en promesa de matrimonio para su regreso a una hermosa mulata; con mucho esfuerzo Juan Silvín (o Coquín, existen dos versiones sobre su verdadero apellido) sobrevivía en Bogotá, su ropero, no sobrepasaba de cuatro vestidos de paño con mala vejez, colgados en un rincón como únicas prendas para asistir a clases; su pieza, de paupérrima presencia, estaba ubicada en uno de los peores sectores de la zona. Chivas era de una contextura fuerte, muy alto, de fisonomía y apariencia imponente; un mal día recibió una carta en la que le decían que sus padres habían muerto en un accidente; preso ya por su extrema humildad, no tuvo ni siquiera con que viajar a enterrar a sus viejos; aquí empezó el proceso de locura del pobre hombre, donde a la falta de padres se le sumaba ahora la de ayuda para su manutención; empeñó sus vestidos, único tesoro junto a los libros que lo acompañaban; se retiró de la Universidad y empezó a desentenderse del mundo; ahora su única prenda era una gabardina que le había mandado a regalar el político de turno Diego Luís Córdoba la que nunca se volvió a quitar, un pantalón, unos zapatos viejos maltrechos por sus interminables caminatas, y una gorra de visera.

El puntillazo final a su locura, lo dio  la mujer que había dejado en promesa de matrimonio en el Chocó; en otra noticia le decían que se había volado con un chofer blanco, al que apodaban "as de oros", era el límite, se desquició, cuentan que desde ese día se le empezó a ver en las plazas de Las Nieves y de Bolívar concentrado horas enteras mirando al sol, y murmurando palabras de desafío; con el paso del tiempo las pupilas se le empezaron a desorbitar, su globo ocular se torno rojo, quemado por el sol, las lágrimas se le agotaron, ahora sobrevivía con lo que la gente amablemente le depositaba en un tarrito que colocaba en el suelo, mientras cada día daba inicio a su desafío con el astro mayor a quien él mismo designó como el "as de oros", si señores, depositó la representación de este personaje que se voló con su novia en el mismo sol, era una pelea de orden universal. Era corto de palabras, pocos conocidos, mucho menos amigos contando tan sólo a un lustabotas de la época. Un día cualquiera mientras peleaba con el astro rey, una persona se le acercó y le insinuó que se iba a quedar ciego, que dejara de hacer eso, hacía mucho tiempo que el Negro Chivas no escuchaba la voz melodiosa de una mujer, en esta oportunidad era la de una mujer desdentada, entrada en años pero con mayor vitalidad que la suya, era La Loca Margarita, con la que se haría entrañable amigo; hay quienes aseguran incluso que pudieron llegar a ser novios pero nadie se atrevió a afirmarlo.


El Bobo del Tranvía
Bobo de nacimiento y con un profundo amor fraternal hacia su bella hermana; Antoñín, como pocos lo conocieron, era el encargado de cuidarla y acompañarla hasta su colegio en Chapinero en todo el recorrido del tranvía. Cansada de esta circunstancia, y con tanto pretendiente que se le quería acercar pero que por temor a su hermano mejor la  evitaban, y lo que era peor aún, pensando que la gente podría imaginar que sus hijos le saldrían bobos por tener un hermano así; un día, decidió decirle que se ahorrara lo del pasaje y más bien se lo comiera en bizcochos (cosa que le fascinaba) y, lo instó para que la acompañara corriendo detrás del tranvía hasta el colegio, acto que sin ningún  problema  desarrollo Antoñín,  ante  la  envidia  de  los mejores deportistas por su estado físico. Su paso hacia la locura, inicio en una jugada sucia de su hermana y un grupo de muchachos que le estaban abriendo el camino a un amigo para que  se  volara  con ella; un día, con todo preparado, los cómplices del novio, invitaron al Bobo a comer cualquier cantidad de bizcochos y pasteles a unos pasos de la parada del tranvía justo cuando la hermana tenía que abordarlo; él aceptó, y cuando terminó de comer, descubrió que su hermana ya había partido, y en medio de la desesperación empezó a lanzársele a todos los vagones de los tranvías en el camino, para ver en cual de ellos podría ir; el amor de hermanos le hizo perder la razón, su hermana ya estaba demasiado lejos, y en lugar de libros, en su maleta llevaba ropa para vivir con su enamorado, mientras Antonín, a punto de enloquecer buscándola, firma su renuncia a la lucidez en el momento que lo atropella uno de los tranvías. Vuelto en si y frenético por la búsqueda, se acostumbraría de aquí en adelante a correr detrás de los vagones y a colaborar con los mismos para que la gente pagara, los gamines no se colincharan y entre chiste y chanza, terminar titulado por un grupo de estudiantes para el papel de director y jefe supremo de tráfico de Bogotá, con uniforme y condecoraciones incluidas, quien ayudaba a dar paso en los diferentes cruces, hasta terminar sus días en un manicomio según cuentan las historias de nuestros abuelos.

Con información de Manuel Gonzalez Guzmán- Ganador de la convocatoria Ciudad y Patrimonio 2006

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