Nada podrá robar tu corazón -Barranquilla 12 40 am-
La salsa es una música bien pegadiza, erótica y reminiscente. Estábamos en el Rancho Cumbiambero, aquí en Barranquilla, y mientras me bebía algo y veía danzar a las parejas, pensaba en cuánta falta me hacías. Me hacías falta para bailar, para tomarme otro whiski, para bailar, pegadito, lento, cadencioso. Ah! no sabía que me hacías tanta falta. No lo percibí sino hasta hoy. Y la causa de mi melancolía eres tú. Entiendo las canciones de una manera distinta ahora. Veo el agua del río y sé que este me dejó marcado con su ritmo. Nada podrá detener su cadencia. Y mientras se iba calentando el ambiente, pensaba en eso, en que te necesitaba ahí, justico, la proximidad necesaria de la sabiduría, una piel y otra piel: un pliegue, una lámina, una deriva. Jamás podré ocultar mi corazón, como dice la canción, y me acababa el whiski y era feliz, graciosamente, al recordarte. Y la pista era más grande, dejando un espacio para los dos. Y era más fuerte la salsa, más pegadiza y más erótica. En mis ojos cerrados te veía. Con mis manos te ceñía. Y los pasos eran armónicos, justos y sincopados. Era un misterio saberte allí, tan entrañable.
Mañana el río, después el mar. La salsa no quedó en la pista, se vino hasta acá, en este lobby de maletas y cuerpos agitándose en calistenia absolutoria para remontar el Magdalena. Pongo mis audífonos e inicio una conversación de fraseos y mis pies se mueven, imperceptibles, bailando en pos de tu imagen.
El viaje aguarda.
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