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Los centros fundacionales de Bogotá, los vestigios arqueológicos urbanos y rurales, los monumentos en el espacio público, la tradición oral y las prácticas culturales y artísticas valoradas, son unos cuantos ejemplos de una ciudad diversa en patrimonio, desde donde las y los ciudadanos pueden imaginarse como una colectividad heterogénea y, al mismo tiempo, unida en torno a referentes que vienen del pasado y la convierten en una comunidad singular, diferente a otras ciudades del país y de la región. En Colombia, desde hace dos décadas y a partir de la Constitución Política de 1991, el patrimonio cultural es entendido como un derecho. En primer lugar como un derecho cultural donde el acceso a los bienes culturales y manifestaciones intangibles de carácter patrimonial, debe ser posible para toda la población, y donde deben ser reconocidos los diversos patrimonios que identifican a los grupos, sectores y comunidades que habitan el territorio. A esta concepción, se sumó en 1998 la idea del patrimonio cultural como un derecho colectivo, pues el patrimonio cultural es para la ciudad un factor relevante porque en él se materializa el interés público sobre el interés particular. Hasta hace poco, el patrimonio era tan solo un conjunto de referentes materiales heredados del pasado, definidos por una minoría, que desde el centro del país decidía cuáles eran los símbolos que representaban a la Nación, por lo general asociados al pasado colonial, la arquitectura y lo monumental. Actualmente, el patrimonio, sin desconocer lo que lo ha caracterizado de tiempo atrás, se comprende más ampliamente como expresión de múltiples memorias que se dan cita en la ciudad, como aquellas que provienen de las poblaciones que han migrado de las regiones a la capital del país y persisten o se reconfiguran en el nuevo territorio, por parte de sus portadores. El patrimonio cultural de la ciudad en el Plan Decenal de Cultura para Bogotá 2012 – 2021 es asumido como un sub-campo heterogéneo y dinámico de la cultura, idea que armoniza con lo planteado en la Agenda 21 de la cultura. Este documento de trascendencia mundial señala que el patrimonio cultural, además de testimoniar la capacidad creativa del hombre, es el soporte de la identidad social; y manifiesta que al mismo tiempo que es posible apreciar las tradiciones, la cultura posee la capacidad de crearse e innovarse y, en consecuencia, “rechaza cualquier modalidad de imposición de patrones culturales rígidos”. Esto supone que el patrimonio cultural y los usos que se desprendan de él, pueden ser renovados por las y los ciudadanos contemporáneos y apropiados de acuerdo con las necesidades de cada momento.
La construcción social del patrimonio está mediada
por los valores. El patrimonio es una selección valorativa de objetos
y manifestaciones de la cultura que son reconocidos y valorados por los ciudadanos,
como producciones culturales que dan una imagen positiva y compartida de la ciudad.
Dada la amplitud de perspectivas para la valoración del patrimonio, que
se debate entre si los valores pertenecen a los productos culturales o son otorgados
por los sujetos, el sub-campo del Patrimonio Cultura ha delimitado como valores
matrices: el valor histórico, el estético y el simbólico. En Bogotá el patrimonio cultural está estrechamente ligado al territorio, y la heterogeneidad del mismo permite establecer conexiones de sentido entre la ciudad y sus lugares de producción, así como los contextos y mentalidades de quienes encargaron los objetos, o decidieron perpetuar sus memorias en el nuevo territorio de acogida, en el caso de las prácticas culturales. Áreas y grupos del sub-campo El patrimonio cultural localizado en Bogotá se clasifica en dos grandes áreas: material e inmaterial. Esta clasificación se toma a partir de las decisiones acordadas por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y adoptadas por Colombia como miembro de esta institución, con las adaptaciones necesarias al contexto nacional. Cada una de estas áreas contiene varios grupos y subgrupos enunciados en la Ley de Patrimonio Cultural y sus Decretos reglamentarios: 1. Patrimonio cultural material a.- Bienes Inmuebles: son entendidos como aquellas obras ancladas al territorio, producto de la relación de los habitantes con el espacio geográfico y cultural que los rodea. En esta relación entran en juego, tanto los conocimientos acumulados, como los avances técnicos que procuran satisfacer las necesidades de adaptación al medio y, a su vez, dar curso a necesidades de origen estético. Este grupo patrimonial se encuentra delimitado por los siguientes subgrupos:
b.- Bienes Muebles: se refiere a un sinnúmero de bienes móviles que se encuentran como objetos que hacen parte de colecciones particulares y de museos, archivos, bibliotecas y entidades públicas, privadas y eclesiásticas o como objetos individuales. Está conformado por siete subgrupos
2.- Patrimonio cultural inmaterial
La naturaleza urbana y rural presente en las zonas centrales y periféricas de la ciudad, señala la presencia de conocimientos y técnicas que han moldeado el territorio desde la cultura, a partir de los primeros asentamientos. En este sentido estos conocimientos y prácticas pueden llegar a constituirse en un patrimonio cultural inmaterial, que permita una visión integral de la ciudad como parte del ambiente en el que se halla y le agrega valor tanto cultural, como social, ecológico y económico. En consecuencia, el diálogo entre los patrimonios cultural y natural debe plantearse desde el área inmaterial del patrimonio, como desarrollo de algunos de los grupos que lo componen como son los conocimientos y técnicas tradicionales asociadas al hábitat. Dimensiones
· Investigación: Consiste en la producción de conocimientos e información sobre las distintas prácticas que conforman el Sub-campo. A su vez, la investigación genera conocimientos sobre las relaciones entre el patrimonio y las prácticas culturales y las artes, e igualmente con los sectores de la sociedad con los que interactúa. · Protección y Salvaguardia: Se relaciona, por un lado, con la capacidad para conservar los valores o cualidades del patrimonio material, así como prevenir, detener o mitigar las amenazas que lo ponen en riesgo de permanecer en condiciones adecuadas, como pueden ser los desastres naturales o la poca consciencia de los ciudadanos sobre la importancia del patrimonio. De otro lado, la dimensión se refiere a las prácticas de salvaguardia del patrimonio inmaterial que buscan preservarlo y detener los factores que lo vuelven vulnerable, ante los retos que pueden provenir, entre otros, del turismo y la globalización. · Circulación: Es un conjunto de prácticas que sitúan el patrimonio en lo público, de manera intencionada. En el caso del patrimonio cultural, lo que entra en circulación son los bienes culturales y las manifestaciones inmateriales, además de los servicios en torno a ellos. La circulación se refiere a activar el patrimonio y para lograrlo son aprovechados los conocimientos aportados por las investigaciones, los aprendizajes de agentes como los profesionales y gestores culturales, y las prácticas de protección y salvaguardia del patrimonio. · Apropiación: Es el espacio de las prácticas de los ciudadanos, de uso y valoración del patrimonio cultural. Es la práctica en donde cada ciudadano no solo conoce los significados que se difunden a través de la circulación, sino que los puede reelaborar, es decir, crear nuevos símbolos desde su propia subjetividad, generando nuevas relaciones de sentido con el patrimonio. Esta posibilidad de resignificación del patrimonio es lo que lo convierte en algo actual y vital para los ciudadanos y es una operación que se da viendo el patrimonio, leyendo sobre él o escuchando cómo es apropiado por otros.
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