El 24 de febrero de 1764 el joven José Celestino Mutis llegó a Santafé de Bogotá para trabajar como médico del Virrey Pedro Messía de la Cerda y aquí se quedó. Desde la Casa de la Botánica, en la carrera séptima con la calle octava, Mutis dirigió la Expedición Botánica por más de veinte años.
Vivió algunos periodos en otros lugares como Mariquita y Montuosa, pero la mayor parte de su vida la pasó en las calles que hoy forman parte del centro histórico de la capital. Bogotá se convirtió en la ciudad del sabio de Cadiz. Aquí falleció de apoplejía el once de septiembre de 1808, dejando un legado imborrable, una profunda huella que hoy recordamos al cumplirse el bicentenario de su muerte.
Los muchos aportes de Mutis a Bogotá tienen un común denominador: la educación. El científico creía fervientemente que la formación académica ayudaba construir una sociedad más próspera y civilizada y desde la capital del Nuevo Reino de Granada empezó a trabajar, a convertirse en un reformador. Es así como, por ejemplo, en la Universidad del Rosario, donde se encuentran sus restos, organizó y dictó la cátedras de matemáticas, física y ciencias naturales en la que enseñaba, entre otras cosas, las doctrinas de Newton y Copérnico, revolucionarias para la época y enfáticamente rechazadas por la iglesia católica.
Mutis fue denunciado por los la comunidad de los dominicos ante el tribunal de la Santa Inquisición, pero algunos meses más tarde una Real Cédula emitida por de Carlos III obligó tanto a colegios como universidades a incluir las teorías de Newton en sus programas de enseñanza. Fue así como Mutis se salvó del que hubiera sido un espinoso juicio. Además de ejercer la medicina en Bogotá, como pedagogo contribuyó a formar médicos por medio de clases que dictaba en su propia casa. Retomó la Cátedra de Medicina en la Universidad del Rosario en 1802, treinta y ocho años después de haber sido clausurada. Mutis realizó un programa de estudios para esta institución y graduó a los primeros médicos, razón por la cual que se le considera el padre de la medicina en el país.
Era, pues, un adelantado a su tiempo. Otro de sus grandes aportes a Bogotá fue la donación de sus libros a la primera biblioteca pública de América: la Real Biblioteca Pública de Santa Fe, creada por Francisco Antonio Moreno y Escandón con bienes expropiados a los jesuitas. Fundada en 1777, constituye el origen de la Biblioteca Nacional de Colombia, que hasta hoy conserva el Fondo Mutis, integrado por 4.700 volúmenes, como uno de sus más preciados tesoros.
Uno de los legados tangibles, que aún se yergue en el centro de Bogotá, es el Observatorio Astronómico, el más antiguo del continente. Fue gracias a José Celestino Mutis que, en 1802, se inició su construcción. El observatorio es todo un símbolo del afán que tenía Mutis de hacer ingresar a La Nueva Granada en la modernidad. Fue en el observatorio donde tuvieron lugar las reuniones clandestinas en las que Caldas y sus aliados hicieron planearon las acciones que desencadenaron el Grito de Independencia de 1810. Durante muchos años fue la edificación más alta de la capital. A propósito, por cuestiones religiosas, sólo era superado en altura por la Catedral.
Uno de los aportes más interesantes de Mutis a la capital fue la fundación de una escuela de dibujo. El gran valor de esta escuela es que era gratuita. En una época en las que las diferencias sociales eran tan marcadas, muchos jóvenes pobres pudieron mantenerse como pintores luego de estudiar en esta academia. Mutis y sus colaboradores en la Expedición Botánica necesitaban con urgencia de dibujantes plantas y especies naturales. Faltaba mano de obra y los alumnos de la escuela ayudaron a cubrir la demanda.
En Bogotá Mutis se hizo sacerdote y fue capellán del convento de Santa Clara. Nuestra ciudad fue la casa de este científico cuyo legado es invaluable para la humanidad. Gracias a él Bogotá pudo acercarse a las revoluciones científicas, a textos desconocidos y a su propio entorno. Es por eso que este mes gran parte del número de Ciudad Viva que tiene en sus manos está dedicado a aquel hombre de Cadiz que se ganó el adjetivo de sabio. José Celestino Mutis dejó una huella que sigue intacta y que este mes será más visible que nunca.