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El 7 de Junio de 1828 el Coliseo presenció lo que no vacilamos en calificar como el estreno más importante que produjo la escena bogotana en la primera mitad del siglo 19 y probablemente en la segunda. Ese día Luis Vargas Tejada dio a conocer al público de Bogotá su sainete "Las Convulsiones", tremenda sátira contra la epidemia de los fingidos ataques de histeria que sobrevenían a las jovencitas en aquella época, y de contera contra otros personajes típicos y aspectos característicos de la sociedad capitalina de entonces. "Las Convulsiones" fue un éxito arrollador en su estreno. Pero eso no es ni de lejos lo más significativo. |
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La gran literatura es la que no nace y muere como flor de un día. "Las Convulsiones" es una comedia sencillamente magistral por el dominio que su autor muestra del manejo escénico, por su imaginación y destreza en la creación y conducción de los personajes, por su impecable factura literaria, por el humor alucinante que impera en todos sus pasajes y en general por la comprobada perennidad de los materiales con que está construida. |
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Carl August Golsselmann escribió así en 1825 al llegar a la ciudad: "Elegí la Posada Boyacá, muy próxima a la plaza de mercado. Como esa posada lleva el nombre donde se libró una de las batallas más vibrantes de la Independencia, esperaba que sería excepcionalmente cómoda, pero, error craso...Aquí uno no se fija en pequeñeces, y como lo más necesario, la cama, estaba limpia y bien tendida, olvidé todo lo superfluo que faltaba y dormí muy bien (...) además de las "posadas", que corresponden a nuestras pequeñas hosterías, hay otros lugares donde se consigue comida y otros refrigerios llamados "fondas"... |
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Al oriente de la Plaza Mayor, donde hoy queda el Chorro de Quevedo, se encontraba el pueblo de indios llamado Pueblo viejo, y al Occidente, en el actual San Victorino, se ubicaba otra barriada de indígenas, Pueblo Nuevo. Para abastecer de agua la ciudad, el Cabildo construyó un acueducto que tomaba el líquido en el río San Agustín y lo llevaba a la pila de la Plaza Mayor. Este servicio solo se mejoró en 1757 cuando se construye el Acueducto de Agua Nueva, que traía agua de la parte alta del río San Francisco. El aseo de la ciudad era bastante precario, pues se dependía de las aguas lluvias para que limpiara las calles. Entonces, los vecinos lanzaban las basuras a las vías. |
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Bogotá tenía pocas calles empedradas, las aguas servidas corrían por caño abierto en la mitad de la vía. El alumbrado público era bastante escaso y la ciudad no contó con iluminación de sus calles, sino en las contadas ocasiones de algunas fiestas. El servicio de salud estaba a cargo de órdenes religiosas como la de San Juan de Dios que administraba el hospital de ese nombre. |
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Algunas personas dicen que la plazoleta del Chorro de Quevedo fue el lugar de la fundación de Bogotá, aunque no hay evidencia histórica de esta afirmación. Los conquistadores españoles llegaron a esta imponente tierra montañosa, plena de humedales y lagos donde Gonzalo Jiménez de Quezada acampó junto con su tropa antes de emprender la fundación de Bogotá. Se dice que allí fue donde descansó y esperó la llegada de Nicolás de Federmán que venía de los Llanos y de Sebastián de Belalcázar que venía del Sur. Una vez llegaron ellos, Gonzalo Jiménez de Quesada pudo organizar la fundación de acuerdo con las leyes de indias, en un terreno plano en el que pudieran tener estabilidad las 12 chozas, la iglesia y la plaza de mercado. |
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Una de las condiciones para fundar ciudades, era que la zona estuviera rodeada de agua, como se dio, en el lugar que hoy conocemos como la Plaza de Bolívar, terreno estratégicamente ubicado entre los ríos San Agustín y San Francisco para proveer de agua a la naciente ciudad. Sin embargo, y según Juan David Gómez, abogado y profesor de la Universidad del Rosario, gran conocedor de historia de Bogotá, “el Chorro de Quevedo no era un sitio central, ni muy grande. Estaba en un lugar muy alto, que no era muy conveniente, pues para formar una ciudad que fuera la capital, como era la intención de los conquistadores, se necesitaba de un terreno plano y amplio. Lo que hoy se llama el Chorro de Quevedo, no era un lugar apropiado en términos geográficos para fundar la ciudad”. |
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53. Este lugar, el Chorro de Quevedo, es interesante porque tiene atisbos de la época colonial. Cuando la ciudad empezó a crecer, esta zona era uno de los sitios que proveían de agua a las familias del sector. Allí se estableció un chorro público llamado “La fuente del padre Quevedo”. El padre Quevedo era profesor del colegio de los Agustinos Recoletos; en 1832 adquirió el solar de un predio, por un precio de $50 con la intención de hacer una obra para dotar de agua a los habitantes del sector, allí instaló el chorro mejorando las condiciones de vida de los habitantes. Los chorros eran las fuentes dispuestas para que la gente recogiera agua y la llevara a sus casas, pues en aquella época no existían acueductos que permitieran la llegada del agua directamente a los hogares como sucede hoy en día. |
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Una de las más importantes cofradías que hubo a comienzos del siglo 19 fue la de "Las Ánimas". Esta recibía un promedio de 75 pesos al año. En 1816 fue catastrófico para esta hermandad, tal vez por efectos de la represión ejercida por Pablo Morillo, represión que tuvo que incidir en la vida social de los santafereños. En cambio, en 1820 trajo prosperidad a la cofradía, pues sus entradas casi se duplicaron. |
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Al igual que todas las ciudades hispanoamericanas, Santa Fe era una ciudad rígidamente estratificada y los grupos sociales estaban definidos por criterios raciales. Blancos, mestizos e indios eran las categorías que definían las jerarquías sociales. La máxima posición de jerarquía social estaba ocupada por los blancos españoles, quienes desempeñaban los cargos burocráticos o militares, los criollos descendientes de los conquistadores, y los religiosos y tenían acceso a la educación, controlada por la Iglesia. Ellos se distinguían según prendas como la capa, la espada, el montar a caballo y el puesto que ocupaban en la misa. Los indios usaban mantas de algodón, hasta que a principios del siglo 17 la lana sustituyó el tejido autóctono, y luego, ya en el siglo 18, cuando los mestizos sustituyeron a los indios, la ruana uniformó el paisaje social urbano. |
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56. El Cabildo era el ente administrativo encargado de la administración de la ciudad. A él le correspondía la regulación del abasto alimenticio, el funcionamiento de los servicios públicos, la regulación de los precios y las medidas, el cobro de algunos tributos, y la administración de la mano de obra indígena. Una fuente de recursos importante para estos servicios se derivaba del “ramo de propios”, recaudado del alquiler de las tierras comunales, los ejidos, que el Cabildo administraba. La insuficiente asignación de estos bienes ocasionó que los ingresos de la ciudad fueran deficientes y que solo hasta finales del siglo 18, cuando se vive una pequeña bonanza económica, la ciudad pudiera contar con un mínimo de esplendor urbano. Esto no fue obstáculo para que, en medio de la precariedad económica, la ciudad cumpliera con las normas de trazado urbano, regulación de su crecimiento y el seguimiento de las normas de control social. |
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La supresión del régimen colonial introdujo la legislación francesa municipal y los principios republicanos el sistema de democracia representativa. Todo esto generó un profundo cambio en la administración de la ciudad y desde ahora el Concejo municipal se conformó con miembros elegidos. Este tránsito estuvo acompañado de una pérdida de autonomía de la ciudad. Hasta 1885, durante la mayor parte del tiempo que rigió la Constitución federalista de 1863, el alcalde de Bogotá fue de elección del Cabildo, situación que se modificó con la Constitución de 1886, la cual regresó al gobernador de Cundinamarca el nombramiento del alcalde. |
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En el norte de Bogotá estaba el pueblo de indios de Usaquén que se había extinguido como tal y se había convertido en parroquia de blancos. En efecto, en 1776, ante el empobrecimiento de la población indígena habitante del resguardo de Usaquén, se dio la orden del traslado de los indios a Soacha, hecho que se llevó a cabo el 20 de Mayo de 1777. Su nombre viene del cacique Usaque. Fue un poblado muisca en época prehispánica, se fundó como poblado indígena en 1539 y abandonada por decreto español en 1777, aunque fue repoblada después pero por personas de la capital. |
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Las bogotanas jugaron parte activa en los acontecimientos del 20 de Julio de 1810. Ese día, muchedumbres compuestas por hombres y mujeres expresaron su oposición a los tiranos, y exigieron la formación de una Junta Republicana. Entre las mujeres que estaban presentes figuraban las llamadas "revendedoras", que odiaban amargamente a las autoridades españolas. Esa antipatía provenía de las actividades de la arrogante y dominante virreina Francisca Villanova y Marco, mujer del virrey Antonio Amar y Borbón, quien mantuvo el monopolio sobre varios de los almacenes más importantes de la capital. |
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El río San Agustín tuvo muchos puentes. Comúnmente nombrado como Manzanares, el río cambió el nombre tras la fundación del convento de San Agustín. De menor caudal que el San Francisco, servía como el límite entre los barrios de la Catedral al oriente y Palacio al occidente con Santa Bárbara Sur. Su recorrido se iniciaba en el cerro de Guadalupe hasta unirse con el río San Francisco, en la Carrera 6. Estaba surcado por los siguientes puentes citados en sentido oriente occidente: Puente Córdoba, Puente de Bolívar, Puente del Carmen o Francisco de Paula Vélez, Puente de Lesmes o José Nicolás de Rivas, Puente de San Agustín o Girardot, Puente del Giral o Domingo Caicedo, Puente Cualla o Crisanto Valenzuela, Puente Córdoba, Puente Andrés Rosillo y Puente Joaquín Camacho. |
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