En
medio del ambiente festivo y poético que caracteriza las producciones
del Teatro Malandro, Simón Bolívar llegó a nosotros después
de 200 años como el rostro conflictivo de un continente, una aventura
de pasión y de desgarramiento, en las fronteras de la historia y el mito.
Una coproducción de Suiza, Francia, España y Colombia, con textos
de William Ospina y dramaturgia de Omar Porras y Sandro Romero.
Las voces de los intérpretes transmitieron los textos que durante dos
años consecutivos ha venido construyendo el poeta como testigo presencial
de un proceso de creación que finalmente cobrará vida y se constituirá como
uno de los proyectos más significativos para la conmemoración
del Bicentenario de las Independencias.
El involucramiento de Ospina en este proyecto se fue dando desde 2006, cuando el poeta conoció a Omar Porras durante el X Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, donde presentó junto a su compañía la obra Don Juan. En esa oportunidad, Porras le manifestó su deseo de trabajar juntos en alguna oportunidad y su interés por el tema de Bolívar. Ese deseo pudo realizarse dos años más tarde, cuando la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura invitó al director a gestar un proyecto teatral para conmemorar los doscientos años de la independencia. Porras contactó inmediatamente a Ospina para proponerle “un ejercicio literario”, como él mismo lo llamó, a través del cual se pudiera involucrar en el proceso investigativo que nutriera la creación.
A pesar de no contar con experiencia en el mundo de las artes escénicas, el escritor tolimense aceptó el reto y acompañó al director en las distintas etapas de construcción de la obra, desde la concepción inicial a través de constantes llamadas e intercambios de correos electrónicos, hasta el acompañamiento en un laboratorio de investigación-creación en la Quinta de San Pedro Alejandrino de Santa Marta con un grupo de cuarenta músicos y actores colombianos seleccionados mediante una convocatoria pública.
Así, tras una investigación historiográfica exhaustiva y el acompañamiento al proceso creativo, empezaron a surgir algunos puntos en común para tener en cuenta en la obra: el desconocimiento general de Bolívar a pesar de que millones de estatuas, plazas y calles tengan su nombre; su relación con personajes y circunstancias que fueron determinantes en su gesta como Napoleón, Humboldt, Santander y Manuelita Sáenz, entre otros; el protagonismo de lenguajes musicales de los llanos del Orinoco y de los campesinos caribeños que se identifican con su figura, y la intensa presencia de la naturaleza que fue clave para reafirmar las ansias de libertad y orgullo en Pro de la independencia.
Todo esto dio como resultado un guión dramático alrededor de tres momentos de la vida de Simón Bolívar, que con la asesoría del dramaturgo Sandro Romero y el mismo Porras llevará, como el mismo Ospina señala, “a encontrarnos con el personaje que inventó un mundo y encarnó las fuerzas de una época, a partir del testimonio de algunos seres que lo conocieron. Un contrapunto entre los relatos de la historia y las fábulas de la imaginación. Progresivamente vemos aparecer a Bolívar, como proyecto, como sueño, como ideal, y como la fuerza telúrica original que desafió al colonialismo e inventó las primeras repúblicas sudamericanas. Invocado alternativamente por músicos y por personajes históricos, Bolívar surge ante nosotros como el rostro conflictivo de un continente, una aventura de pasión y de desgarramiento, en las fronteras de la historia y del mito.”
Bolívar: fragmentos de un sueño en Bogotá
El estreno de esta obra en América Latina fue el 21 de julio
de 2010, en Bogotá, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán.
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